La esencial ambigüedad de lo real ejerce sobre nosotros una fascinación tan intensa como la de un abismo en cuyas profundidades arraigan las sinuosas raíces del horror. El hombre no está en condiciones de acceder a un conocimiento absoluto, definitivo. En torno a estas preocupaciones de naturaleza claramente metafísicas, Henry James construyó una literatura impar cutos ecos se escuchan en todas las grandes narraciones del siglo veinte. Pero sin duda alguna, donde mejor consiguió expresarlas fue en esta novela corta que, a casi un siglo de su publicación, mantiene intacto su nítido perfil de obra maestra. Desde esta altura continúa enseñandonos que la realidad siempre puede tener otra vuela de tuerca.